jueves, 7 de marzo de 2013

Decálogo del perfecto cuentista, de Horacio Quiroga

La web Mundo Palabras publicó el otro día el Decálogo del perfecto cuentista, del maestro uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937). Como todo lo que viene de un maestro es... magistral, no tiene desperdicio, por ello lo reproduzco, para que a mí no se me olvide, por un lado, y para que aquellos que paséis por aquí y seáis un poco cuentistas, saquéis todo el provecho de él para vuestros relatos. Ahí va:

1) Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
2) Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
3) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
4) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
5) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
6) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
7) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
8 ) Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
9) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
10) No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Anticipo

No puedes recordar.  Hay algo que te impide comenzar a escribir recordando, dejándote a la melancolía y a las palabras fáciles, como si ambas juntas fueran la peor de tus afecciones, como si siempre hubieras estado enfermo de melancolía y simpleza.

Asume, en primer lugar, que no puedes escribir como la música que escuchas.  Las palabras nunca serán edificios de la nada y pura percepción. Tus palabras ocupan espacio, pesan, incordian, rara vez, por no decir nunca, son inocentes, ya que siempre, siempre tienen un efecto más prolongado que su sonido. Son memoria. A la vez, sin embargo, pueden ser tan fútiles. No por tus torpes desmentidos, poco tienen que ver, pues son también y de nuevo ilusoriamente verbales. No es tanto eso, como que parece que tus palabras se quedan sin resuello antes de llegar a lo que realmente quieren decir. Resuello, qué bonita palabra dices, porque te invita a metáforas, te suena a aire de cuchillo entrándote por la garganta cuando intentas volver a hablar de Ella. Compleción, qué asco de palabra, no lo dices pero lo piensas, porque no tiene imagen posible en ti desde que la perdiste, a Ella, no la palabra ni la imagen, sino que la perdiste a Ella.

Sea como fuere. Busca afuera. Siempre te quejas de que vives algo así como en las afueras de una Los Ángeles desvaída, con los mismos paseos marítimos decadentes, las mismas tiendas que ofrecen poco o nada llenas de gente, las mismas corrientes de rostros curtidos por el  sol y piernas anglosajonas blanquecinas, deseosas de atención, de anhelo, de deseo de algo nuevo. Puede que tengas razón, puede que estés en una California sin Pacífico, donde el mar –y el mal- se levanta siempre en calma y no se estila la muerte violenta, sino más bien el deterioro languideciente de miles de elefantes que agotan sus pensiones en la siempre pretendida calidad de vida mediterránea. Dime si eso no es violento. Hay una cierta violencia en poder elegir dónde morir. Supongo que lo comprendí la primera vez que escuché en una radio anglosajona de la costa el anuncio de una empresa de servicios funerarios y de repatriación. Para que cuando llegue el momento, ni usted ni su familia tengan que preocuparse por nada. Los suyos recibirán su cadáver en su domicilio por el módico precio reflejado en el contrato. Bam, bam. No oyes los disparos, los dramas de los elefantes, la muerte soleada. Eso tampoco te inspira. Lástima.

Puedes mirar más allá del paisaje urbano y humano, puedes crearte personajes fantásticos: sus estados de espera, sus vacilaciones… hasta su no hacer nada con nadie. Eso sería pura fantasía. Hoy no hay relato donde alguien haga nada con nadie, donde alguien espere, o dude. O se dé la vuelta tras haber cambiado de opinión. Hoy no se hace eso. Hazlo tú. No, no te sale. Bueno, pues sinceramente, no sé qué más quieres que diga.

A estas alturas, y a las anteriores, a las de hace un año, contando con todo lo que te pasó, no concibo tu inacción. Si no puedes escribir, no escribas. Haz otra cosa con tu vida. Vete al extranjero. Vive algún paquete de experiencias de los que son imprescindibles según alguna biblia hipster de mierda. 

Lamentablemente, solo tú conoces las maneras. Si no puedes revivir nada de aquello, si no puedes empezar a ponerle ni una línea a aquel desgarro de la realidad, a aquel desmontaje de la vida tal y cómo la conocías, a esa eterna querencia de su regreso, a esa anulación del tiempo y del espacio hasta que vuelvas a tocarla, lo entiendo. Cómo se atreve uno a volver a sentir el pecho tan pétreo, y en él, una angustia tan furiosa que parece que vayas a perderte por fin, una desintegración aguda de lo que alguna vez pudo significar ser feliz. 

En fin, Ella no está y vivir es como correr bajo el agua.

Estaré donde siempre. Si te decides a mostrarme algo de detrás de lo ingrávido, una página, página y media, te la pagaré como si fueras a escribirme la mayor de las novelas.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La muerte silenciada

La muerte silenciada es el nombre del documental sobre el suicidio emitido por Documentos TV el pasado domingo 17 de Febrero. Sin conmemoraciones, sin "Día Internacional de...", sin excusas, y sin demasiados ambages a la hora de tratar el tema, el documental nos adentra en la realidad de la que ya es la primera causa de muerte violenta en España, pero de la que nadie, o casi nadie, habla.

De ahí la relevancia del título, La Muerte Silenciada, la muerte que lo es pero que no es reconocida a nivel social, y todos sabemos, o intuimos al menos, lo difícil que es asumir algo que se calla. El documental recoge diversos testimonios, miradas sobre el suicidio desde el punto de vista de profesionales de la Psiquiatría y la Psicología Clínica, pero también, de supervivientes a intentos de autolisis y de familiares supervivientes de personas que sí consumaron el suicidio.

Es cierto que es muy duro recoger el drama de las personas que se quedan aquí sin poder obtener respuestas, les pueden dar la coartada de una enfermedad mental, de una enajenación transitoria, pero en el fondo, no pueden saber lo que pasó, porque no pueden preguntárselo a la única persona que podría, siquiera, empezar a darles una respuesta. Es cierto, es muy duro. Pero pasa. Y lo que en mi opinión plantea el docuemental acertadamente es que si la realidad del suicidio se hiciera más visible y los supervivientes pudieran reunirse y hablar sobre ello, esa clase de duelo brutal podría hacerse mejor, podría tener más sentido.

También los testimonios de personas que han intentado quitarse la vida pero que por lo que fuera no lo consiguieron, y que ahora, han conseguido reconstruirse en diversos grados y pensar en la vida en diferentes términos que antes, es otro de los puntos a favor de este estupendo documental.

He decidido dedicarle esta reseña al reportaje, y recomendar su visionado porque es la manera que he encontrado para tratar el tema del suicidio -pues carezco de una visión técnica o personal- y contribuir en esta pequeña medida a dar visibilidad a esta realidad. Porque resulta que no, que algo que afecta a muchas, muchas personas, no puede ser relegado al "es que es deprimente" o "es que eso es de estar loco". Porque resulta que no se pueden maquillar las estadísticas o no recogerlas con exactitud, y no darle cobertura mediática, porque nos jode la imagen de paraíso mediterráneo (¿alguien recuerda el tweet de la clarividente Ana Rosa Quintana, intentando echar por tierra los avances de la educación pública en Finlandia, porque "¿y el frío, y los suicidios?"). 

Pues el suicidio pasa. Y para decir más y de paso ir cerrando, me remito a un señor que con una lucidez irrebatible construyó algunos de los mejores relatos del siglo XX, como La Peste o El Extranjero, Albert Camus, quien dedicó un más que consistente ensayo filosófico al suicidio, El Mito de Sísifo, llegando a afirmar: 
No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.
¿Por qué no nos quedamos con la cita de Píndaro que Camus eligió para abrir el mencionado ensayo?
 No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.




Podéis acceder al documental en el enlace de la primera línea a la página web de Rtve-Documentos TV, o desde You Tube.


lunes, 18 de febrero de 2013

Cultura neutra

Se ha calificado la gala de los premios Goya celebrada ayer como "muy reivindicativa", donde premiados y presentadores exhibieron un "lenguaje muy crítico" contra la política de recortes del actual gobierno. No ví la ceremonia completa, pero sí escuché el discurso de agradecimiento de Candela Peña: muy crítico desde lo más personal, un discurso dolorido. También la introducción a no sé qué premio de Corbacho, directamente dirigido al invitado Wert, sin paliativos, al 21%.

El discurso del presidente de la academia fue más neutro, como considero que corresponde a su papel institucional, e hizo hincapié en la necesidad de no abandonar el cine, la cultura en general, a su suerte en tiempos de crisis. Suyo es también el manido titular de hoy por la mañana "el cine no es ni de los del bigote, ni de los de la ceja, ni de la barba". Así, o parafraseado.

Si bien es cierto que el cine, como el arte, no debería seguir consignas ni dogmas, de partido, ni de ningún otro tipo, mi opinión es que es difícil, y no sé por qué tendría que ser deseable, que ningún mensaje artístico sea ideológicamente neutro.

Porque si los poemas, las novelas, los grandes murales, las obras de teatro o las películas fueran asépticas, inocuas, neutras, no estarían contando absolutamente nada de quien las produce, ni tampoco de quien eventualmente pudiera recibirlas.

La ideología que transmite el arte depende en gran manera del sentir de su creador, pero también de sus circunstancias. En estos momentos, más allá de decir que el cine no es de derechas ni de izquierdas, por encontrarnos no ya en la época del "fin de los grandes relatos", sino en la época en la que los "grandes relatos" ideológicos están siendo pisoteados por sus propios abanderados, de uno y otro bando, nos queda reivindicar un cine, un arte, humanos.

La ideología que siempre ha transmitido el arte -menos en contextos de censura y propaganda burda- ha sido siempre puramente humana. Las formas varían, los signos varían, pero, en esencia se trata de contar cómo somos, cómo nos inventamos, qué podemos imaginar, qué podemos llegar a vivir, qué nos pueden obligar a hacer, cuáles son nuestras zonas más brillantes y más oscuras, incluso cómo nos gustaría que pudiéramos llegar a ser. En definitiva, el arte está hecho de humanidad, y la humanidad es de todo menos neutra.

Hace más o menos diez días asisití a la que, de momento, ha sido la experiencia teatral más completa e intensa de mi vida: la representación de Un trozo invisible de este mundo escrita por Juan Diego Botto, en el teatro Cänovas de Málaga. Estos últimos días he estado pensando en si escribir una reseña sobre la representación, pero no me venían las palabras. Pensé que quizá, cómo siempre me pasa, tendría que dejar pasar bastantes días para que el poso emocional llegara al fondo y así poder escribir sobre ello... el caso es que al ocurrir esta entrada no puedo no mencionarlo.

Es tal la pluralidad de sentimientos, las posibilidades de sentir que te da este texto y su versión espectacular, que corro el riesgo, como siempre, de perderme en océanos de palabras. Intentaré no hacerlo, pues se lo debo al texto de Botto, donde cada frase es ajustada a su significado, donde el humor es fino y bueno, donde la rabia aflora sólo cuando tiene que aflorar. Se lo debo a cada movimiento y presencia de los dos actores, a cómo destierran el buenismo y la impostura que muchas veces acompañan a los discursos "sociales" sobre inmigración, a cómo se comprometen con la sinceridad de cada historia. 

Esta experiencia, que tiene todo lo que se le puede pedir al gran teatro: la fuerza ritual, verbal, visual, es de todo menos ideológicamente neutra. Y por supuesto que se acerca más a un "bando" que al otro, pero eso son las personas que componemos los "bandos" los que tenemos que decidirlo. Allá cada cuál. El autor nos está diciendo, más o menos, digo yo: "Eh, mirad, ¿por qué cojones nos cuesta tanto ser humanos, a veces?"

Al final de la representación, entre ovación y ovación, Juan Diego Botto recoge en una frase de Lorca la misma reivindicación -en el fondo- que se hacía ayer en los Goya, parafraseándola dice que un pueblo que no cuida su teatro, es un pueblo que está moribundo... Cuán diferente es la forma de pedirlo. Con Lorca se puede seguir pidiendo dinero en definitiva, pero además se pide arte desde el arte.

Y otra cosa básica que se debe pedir desde un verdadero discurso humanista y artístico reivindicativo: atención. Porque con todo lo que está pasando, con los retrocesos tan brutales en los servicios públicos esenciales y la merma de inversión en educación, cultura, ciencia e innovación, lo que estamos es creando una sociedad tan poco igualitaria como peligrosa. Ya estamos en una sociedad muy desigual pero, ¿qué pasaría si las desigualdades fueran tan bestias que no pudiéramos reconocernos en casi nadie?


En fin, que está bien que se diga y se rediga, aunque sea desde las lentejuelas y que la gente que está en la puta calle (y ojo, según en qué calle, claro) se queje de que es muy fácil ser reivindicativo cuando se es famoso, que es verdad. Está bien que se digan las cosas, pues si el ministro es un toro bravo, que le echen capote aquellos que pueden encontrarse, ocasionalmente, en las mismas plazas que él. Los demás, seguiremos consumiendo cultura -pirata y no, seamos realistas-, y que siempre nos quede algo de dinero para ir a ver una obra como Un trozo invisible de este mundo, porque merece la pena pagar porque nos recuerden así que sí, que podemos realmente ser humanos.

miércoles, 6 de febrero de 2013

El conocimiento y su ser democrático

En memoria de Aaron Swartz, programador informático, co-fundador del RSS y del organismo Creative Commons, que se suicidó el pasado 12 de Enero de 2013, a la edad de 26 años.

Este homenaje llega un poco tarde, e inevitablemente tiene que ver con polémicas que siguen circulando, tiene que ver con el proceso de idealización de una mente genial con tendencias depresivas, con reivindicar a un hacker que según muchos pretendía cargarse la propiedad académica (no tanto, o no sólo, intelectual) - por su "irrupción" en la red del MIT para descargar más de cuatro millones de publicaciones de la base JSTOR con el objeto de colgarlas para asegurar su libre acceso en Internet, Swartz se enfrentaba a penas de cárcel, y su juicio debería haberse celebrado en este mes de Febrero de 2013-.

Toda la herencia científica y cultural, que ha sido publicada a lo largo de los siglos en revistas y libros, está siendo transformada ahora en material digital y retenida en manos de determinadas compañías privadas. El reparto de la información no es algo inmoral sino que constituye una necesidad apremiante. Solo aquellos que estén cegados por la codicia, negarían una copia a alguien amigo.

Releyendo estas, sus propias palabras, esta entrada es un poquito de todo lo que he mencionado antes y una reflexión sobre esos derechos de autor que tanto revuelo causan últimamente. Por supuesto el creador, el investigador, tiene todos los derechos sobre su creación. Incluso el derecho de asegurar una distribución más libre y democrática de la misma.

Dicho de manera más gráfica: no creo que a Aristóteles le importara lo más mínimo que yo pueda descargarme el texto completo de la Poética para poder leerlo una y otra vez... Supongo que les importaría un poco más a las casas editoriales que gozan de los derechos de edición y traducción del texto. Es cierto que la cosa puede complicarse si hablamos de autores vivos, pero... no sé por qué lo dudo. ¿Hacia dónde se dirigen los beneficios de los sitios web que ofrecen publicaciones académicas bajo pago puntual o suscripción? ¿Hacia los autores? No sé por qué, lo dudo.

Este chaval -quienquiera que fuera en realidad- constituyó con su actividad una defensa activa de la democratización y libre distribución de información y conocimiento en la red, además de un impulso a nuevas formas de acción política de protesta con la fundación del sitio http://blog.demandprogress.org/mission.

Por todo ello, Descanse En Paz.

 




lunes, 28 de enero de 2013

Una tregua

Es precisamente lo contrario de los días sin escribir. Precisa y ajustadamente. Los días que no escribo pienso que está bien, que no pasa nada, que vivo más tiempo. En busca de las palabras más reales, me pierdo en expediciones de análisis de un mundo que no comprendo, rastreo una cierta solidez a mi alrededor, me conformo quizá con esa sólida certeza que parece que yace siempre en palabras de otro.

Me conformo quizá. O quizá los tallos no florecen porque estamos en enero. 

Al final del texto imaginado, hacia el final de la melodía de los metales, cambio de opinión. Lo mejor, mejor que estas palabras y sus muchas o pocas lecturas, más allá de un suelo y unas pisadas que nunca serán del todo concluyentes, es poder tomarme del vientre y, simplemente, sentir. Nunca el cielo se abrirá lo suficiente, tanto, tan infinito e inagotable, como yo lo abro con mis manos ahora.

El día de hoy es como una tregua en Beirut.


Beirut. Elephant Gun

miércoles, 9 de enero de 2013

Rescate por creatividad

Resulta éste más un Happy New Fear que otra cosa, porque en este "últimamente" que lleva tres años sin cambiar, los comienzos parecen ser momentos de terror en vez de oportunidades. Qué miedo da ver que cuando las luces se apagan y los demás vuelven al trabajo, tú te quedas inmóvil, a punto de dar el siguiente paso pero el lado oscuro te agarra la pierna derecha y te fija al suelo... y tú tiras, y tiras de la pierna, y pones cara de estreñido, y te convences de tu esfuerzo, y se lo dices a los demás: "Oye, mira, que yo lo intento, que yo sigo tirando, que créeme, que no te miento..."

Por primera vez -lo digo y hasta me lo creo- no estoy hablando de mí. Hablo de millones de nombres que nunca conoceré, que se despiertan cada día sin trabajo y sin motivaciones, que tiran de según que pierna les toque para levantarse y "hacer algo" cada día. Miles de entre esos millones jugándosela con la exclusión. Otros muchos se la juegan, "simplemente" (qué fácil), con la tristeza. 

Digo que no hablo de mí. Yo poco puedo decirles, salvo que hay cierta trilogía (sin precuelas, por favor) que cuenta que al lado oscuro solo lo vence la Fuerza. Digo que no hablo de mí porque yo soy afortunada, a mí me está naciendo una Fuerza que ha liberado mis dos piernas y me hace sobrevolar cualquier yermo, pero soy consciente de que no todo el mundo tiene la misma suerte, así que mi deseo de año nuevo para todas aquellas personas que lo están pasando mal es que la Fuerza les acompañe, cualquiera que sea.

Hay un especial destinatario de este mensaje -él lo sabrá cuando lo lea- para quien el deseo es aún más fuerte si cabe.

P.S: Y resulta que barruntando todo esto y echando vistazos y mientras rebusco fuentes bibliográficas y saco adelante mi advanced English como buenamente, me he encontrado con esta pieza de Love of Lesbian, "Orden de deshaucio en Mi menor", que no está "allí donde solíamos gritar", pero no deja de ser un grito... De fondo se escucha parte de este fragmento de una entrevista al gran Nabokov (que copio y pego a continuación) y me he dicho: "esto es un rescate por arte". Feliz Año Nuevo.


No sé por qué me gustan tanto los espejos y los espejismos. Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia. La magia a domicilio con sus instrumentos: el sombrero de doble fondo, la varita con la estrella, el juego de cartas que entre los dedos se metamorfosea en cabeza de cerdo. Sí,sí. Todo eso te llegaba en una gran caja de los almacenes Peto, calle de la caravana, cerca del Circo Cíniselli, en San Petersburgo. Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos. Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo, tal como aconsejaba el manual: "Ponte delante de un espejo". Y mi carita, pálida y seria, reflejada en el espejo, me aburría... Me ponía un antifaz negro que me daba mejor cara; pero nunca llegaba a igualar al famoso mago Mister Merlín , a quien solían invitar a las fiestas infantiles y de quien yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso, que mi manual quería que yo recitara para eclipsar mis juegos de manos. Parloteo frívolo y engañoso: he aquí una definición engañosa y frívola de mis obras literarias... Pero esos estudios de escamoteo no duraron mucho. "Trágico" es un término muy fuerte, pero hay algo trágico en el incidente que me hizo abandonar esa pasión, relegar la caja al cuarto trastero con los juguetes difuntos y los títeres rotos. Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año, no pude evitar mirar por la ranura de una puerta para ver cómo iban los preparativos que hacía el señor Merlín para su número de salón. Le vi que entreabría un secreter para meter tranquilamente, abiertamente, una flor de papel. Y la familiaridad de aquel gesto era innoble comparada con el hechizo de su arte. Yo entendía de ello, sabía qué ocultaba el frac ajado de un mago, y qué pueden hacer los magos. Ese vínculo profesional, vínculo de mala fe, me llevó a revelar a una primita mía, Mara Jevuska, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos. En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: "¡Mi primo ha visto dónde la ha metido!" Yo era muy joven, pero ya distinguía o creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago. Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... la flor no estaba.

Fragmento entrevista al escritor Vladimir Nabokov autor de "Lolita" por Bernat Pivot en junio de 1975.

domingo, 9 de diciembre de 2012

La chica que pelaba cebolla

Por "alusiones" a que este microrrelato debería aparecer en la página "principal", ahí va un homenaje a los orígenes de mis narraciones ordinarias:

Había poca luz en la cocina, la verdad. No había suficiente luz para llevar a cabo tareas que requieren precisión milimétrica, y sin embargo, ahí estaba ella, erguida y poderosa, con el cuchillo que había venido de regalo con la edición dominical del periódico. No estaba segura de poder terminar la colección. Aun así seguía enfrascada en su misión. 
Sonó el timbre y se sobresaltó. Fue a ver quién era, extrañada: nadie llama al timbre de estos bloques residenciales en domingo, a no ser que sea familiar o amigo, visitas más o menos deseadas. Al otro lado, la imagen convexa de una mujer embarazada vestida de verde ocupaba toda la mirilla. Parecía nerviosa, movía el cuerpo con el balanceo de punta a talón, y miraba de arriba abajo esperando respuesta de la maldita puerta. Maldita puerta. Abrió sigilosa y saludó: "Hola, ¿querías algo?", "Perdona", le dijo, sorprendida, atónita incluso, "he debido de confundirme, eh... no es aquí, disculpa, eh, no, yo... no quería molestarte". La voz entrecortada y el nerviosismo acentuado, sus ojos se movían en todas direcciones salvo en la que llevaba a los ojos de su interlocutora. "Hay que ver....¡no pasa nada, mujer!, pareces agobiada, ¿no quieres pasar y tomar un vasito de agua o de zumo? Te sentará bien..." "No, no, no, ni hablar... ya te he entretenido bastante. Tengo que irme". Esto último sonó contundente. Desapareció tras el cortafuegos y esperó el ascensor.
En fin, ahí estaba el encuentro extraño del día. Aún sin entender muy bien lo que había pasado, volvió a la mal iluminada cocina (día nublado, ¿cuándo se iba a acordar de llamar al electricista?) y siguió con lo suyo. La cebolla estaba ya completamente pelada, sólo quedaba elegir cómo cortarla. Mientras pasaba sus dedos por la capa exterior, pensaba en los ojos temerosos de la muchacha. "¿Por qué estaría tan asustada?", pensó. Comenzó a cortar la cebolla en tiras, manejaba el cuchillo con firmeza y ternura a un mismo tiempo, como si hubiera nacido para ello. "¡Claro!", se dijo, "¡el cuchillo! ¡pero qué estúpida soy! ¡la pobre chica habrá pensado que soy una loca con tendencias homicidas! Hay que ver... ¿a quién se le ocurre salir a abrir la puerta con un cuchillo japonés en la mano?" Eso había sido, el cuchillo.
Un grito ahogado produjo, de repente, un apagón a su alrededor. La cocina desapareció tras sus ojos cerrados. La sangre salía a borbotones del dedo índice de su mano izquierda, tanto, que empapó su camisón verde con una enorme mancha roja, en forma de uve. Salió corriendo hacia el baño, metió el dedo debajo del grifo. Intentaba apretárselo con fuerza, pero la hemorragia no paraba. Buscó por todo el armario algo para desinfectar la herida. Sin éxito. El suelo lleno de cajas de medicamentos. Se agachó y cogió como pudo los algodones y el esparadrapo. El corte era profundo, no pintaba bien. Empezó a ponerse nerviosa, trató de calmarse. Respira hondo, respira. De pronto, sintió un agudo pinchazo en el vientre. No, no hay que tener ciertos accidentes en el octavo mes de embarazo. Hay que ver...
Los vecinos de detrás del cortafuegos no estaban. Malditas puertas. Malditos bloques residenciales. La ambulancia tardó en llegar hasta allí. Llaman al timbre. Al otro lado, la imagen cóncava de una mujer embarazada vestida de verde ocupaba toda la mirilla.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Melancholia (una reescritura)

Se hallaban frente al cielo abierto, incapaces de reaccionar. Fue una de las dos mujeres que quedaban vivas quien se adelantó y comenzó a atravesar el campo que, cual pradera recortada de alguna naturaleza muerta, de un verde compacto, sin matices, se extendía entre el lago y la casa. Daba pasos firmes, cortos, ansiosos, buscando, quizá, sus últimas certezas. Acompañada de su sobrino, un pequeño blanquecino, de esos que se han criado medio solos y a los que les cuesta sonreír, la mujer dirigía la búsqueda en el bosque. Se adentran en la mal llamada espesura, pues en esta arboleda hay mucho espacio entre árbol y árbol y la luz se filtra sin mayor dificultad. Por fin encuentran lo que buscan, un manojo de ramas que convertir en palos, de unos dos metros de altura, elásticas y aún consistentes. Perfectas para construir una cueva mágica.

De vuelta al cielo abierto, los tres últimos compañeros suben a una suave loma, atalaya resbaladiza  sobre el lago. Un punto de observación para el acontecimiento. Las seis manos blancas con frío se disponen a edificar lo que será su refugio antiaéreo. Un lugar en el que sentarse y confiar. Montan los palos, los tocan, los deslizan unos contra otros y los unen en un extremo; todo ello con tal sentido de desesperanza que casi se les cierran los ojos esperando que entre palo y palo, el espacio triangular se rellenara con la más especial aleación de metales, pétrea, o no,  mejor quizá, sumamente adaptable, indestructible, en fin, triángulo de resiliencia que absorba cualquier bocanada de aire sideral y todos los restos minerales y líticos que a buen seguro habrán de golpearles.

Quedó terminado, así, e inaugurado el refugio, cuando los tres compañeros se sentaron. La primera mujer, de la que no hemos hablado porque se había escondido en su cuerpo -ella que, en condiciones normales, en los extremos del convencionalismo, se manejaba con tanta flema y sensatez-, levantó entonces su mirada crispada de nervios y de melancolía por el resto de vida no vivida. Miró hacia arriba y el azul fue casi insoportable.

Todo el paisaje -lago, prado, casa, bosque-, ayer mismo inmerso en la penumbra de las noches de la campiña y de las miserias establecidas que dominaban las vidas de sus habitantes, se iluminó hasta rebasar los límites humanos de la claridad, y con ella, de la clarividencia. Inevitablemente, medio segundo después, todo ello reventó de luz y de calor, pasando a ser microinstantes de color anaranjado, cristalizados junto al resto del planeta, aniquilados sin ser oídos más que en el resto del universo.

Y así fue que todo volvió a ser pura energía, quizá como siempre hubimos merecido... ser.




Un guiño a que el día 21 de Diciembre seguiremos vivos (¡cómo si nos lo fueran a poner tan fácil!) y al cine de Lars Von Trier, que tiene la peculiaridad de hacerte creer que lo más bello y tranquilizador que puede ocurrir es el fin del mundo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dentro del laberinto

Dedico esta entrada al libro El Minotauro Global del economista griego Yannis Varoufakis, donde desmenuza las causas del crash de 2008 y del desmantelamiento del sistema financiero basado en la fabricación infinita de productos de deuda calificada como buena (la famosa triple A, que sería un triple sobresaliente, pero eso solo lo entienden los nerds -empollones- estadounidenses o los entretenidos europeos que vemos series sobre los citados nerds estadounidenses), que tienen como fin fabricar infinitos beneficios (manufacturar dinero de papel supuestamente equivalente al dinerico "normal" que los tonticos de a pie contamos en billetes), que alimentan a su vez los círculos de los dirigentes de bancos y agencias de calificación, un determinado sector inmobiliario, y las supuestas instituciones reguladoras (bancos centrales, reserva federal...) cuyos asesores habían participado o ansiaban participar de los círculos anteriormente nombrados.

El diario.es publica hoy un extracto del libro de Varoufakis, con el vacio de las notas a pie de página. Se trata de un texto especializado, y sin "aparato crítico" (las explicaciones y las referencias bibliográficas) se queda cojo. Es todo lo que podríamos esperar de un economista anti-capitalista. Yo, por lo menos, no me esperaba otra cosa. Explica de forma clarificadora la naturaleza monstruosa de esos productos financieros sintéticos que alejan tanto, pero tanto, la producción, del trabajo humano, que cuesta ver la más mínima relación entre lo que hacen los profesionales todos los días y lo que se maneja de pantalla en pantalla en esas oficinas virtuales de comerciantes de dinero.

En fin, el texto, como digo, es clarificador en varios puntos; en otros, no. Es el caso de las "teorías económicas  tóxicas", que a mí me vienen grandes. Puedo atisbar de qué va el asunto, pero obviamente se me escapa toda la técnica matemática que utilizó (y sigue utilizando) esa élite de "hiperinteligentes hombres y mujeres" para justificar toda esta movida cuasicriminal.

Algo que a mí, paradójicamente, me resulta tranquilizador, es que el autor deja bastante claro que esta élite intelectual numeraria, una de dos: o no se olió su propia tostada, o impostó adrede la validez de este modelo, sustituyendo "ignorancia" por "conocimiento provisional". Más o menos esto: en vez de decir que NO TENGO NI IDEA de cómo se van a comportar los mercados, asumo que hay comportamientos que no van a tener, porque son irracionales; por lo que estoy en posición de vender la moto con mis ecuaciones y algoritmos chachis de que SÉ LO QUE VIENE DESPUÉS. 

Todo lo cual a mí por lo menos me demuestra: (a) que esa gente tan inteligente no es tan inteligente como dice ser, y (b) que su astucia desmedida les conduce a creerse su propia falacia -lo que es un signo alarmante de estupidez-. Esto último lo justifico diciendo que la mayoría de los gurús económicos del "súper mercado eficiente" explican el batacazo de 2008 argumentando que las crisis económicas sistémicas son "naturales". Es decir, estas cosas tienen que pasar, es el precio a pagar por nuestra codicia colectiva, pero ahí es donde tiene que entrar el estado, arreglar los desperfectos y a volver a empezar.

Mmmm, ergo (c) la gente que maneja ciertos cotarros no es tan lista y queda por tanto desautorizada para negar la democratización del saber y las competencias (es decir, hay muuuucha gente que podría hacer su trabajo), así como para establecer y consagrar ningún modelo de administración económica.

Visto lo visto, y con las herramientas de juicio que tenemos (más o menos limitadas), si a partir de ahora se sigue dejando el saber económico en las mismas manos (un Madoff más, uno menos), nos mereceremos una oleada de mierda como ésta cada sesenta putos años.

http://www.eldiario.es/economia/minotauro-global_0_72093120.html

He aquí el enlace. Aviso de la licencia gramatical de los plurales generalizadores en femenino. Según uno de los foreros, no se trata de un error de traducción sino que es consecuencia de la ideología feminista del autor. Sí es cierto que hay vacilaciones, hay plurales en masculino, y no me queda claro el criterio. No es algo que os pueda aclarar porque no he tenido acceso al texto original, y además desconozco si el original está escrito en Griego Moderno (donde hay morfemas de género, y se podrían rastrear mejor las vacilaciones) o en Inglés (donde las marcas de género son en su mayoría léxicas). Cosicas lingüísticas aparte, que nos gustan a unos pocos, el texto tiene interés y merece ser leído.