lunes, 28 de enero de 2013

Una tregua

Es precisamente lo contrario de los días sin escribir. Precisa y ajustadamente. Los días que no escribo pienso que está bien, que no pasa nada, que vivo más tiempo. En busca de las palabras más reales, me pierdo en expediciones de análisis de un mundo que no comprendo, rastreo una cierta solidez a mi alrededor, me conformo quizá con esa sólida certeza que parece que yace siempre en palabras de otro.

Me conformo quizá. O quizá los tallos no florecen porque estamos en enero. 

Al final del texto imaginado, hacia el final de la melodía de los metales, cambio de opinión. Lo mejor, mejor que estas palabras y sus muchas o pocas lecturas, más allá de un suelo y unas pisadas que nunca serán del todo concluyentes, es poder tomarme del vientre y, simplemente, sentir. Nunca el cielo se abrirá lo suficiente, tanto, tan infinito e inagotable, como yo lo abro con mis manos ahora.

El día de hoy es como una tregua en Beirut.


Beirut. Elephant Gun

miércoles, 9 de enero de 2013

Rescate por creatividad

Resulta éste más un Happy New Fear que otra cosa, porque en este "últimamente" que lleva tres años sin cambiar, los comienzos parecen ser momentos de terror en vez de oportunidades. Qué miedo da ver que cuando las luces se apagan y los demás vuelven al trabajo, tú te quedas inmóvil, a punto de dar el siguiente paso pero el lado oscuro te agarra la pierna derecha y te fija al suelo... y tú tiras, y tiras de la pierna, y pones cara de estreñido, y te convences de tu esfuerzo, y se lo dices a los demás: "Oye, mira, que yo lo intento, que yo sigo tirando, que créeme, que no te miento..."

Por primera vez -lo digo y hasta me lo creo- no estoy hablando de mí. Hablo de millones de nombres que nunca conoceré, que se despiertan cada día sin trabajo y sin motivaciones, que tiran de según que pierna les toque para levantarse y "hacer algo" cada día. Miles de entre esos millones jugándosela con la exclusión. Otros muchos se la juegan, "simplemente" (qué fácil), con la tristeza. 

Digo que no hablo de mí. Yo poco puedo decirles, salvo que hay cierta trilogía (sin precuelas, por favor) que cuenta que al lado oscuro solo lo vence la Fuerza. Digo que no hablo de mí porque yo soy afortunada, a mí me está naciendo una Fuerza que ha liberado mis dos piernas y me hace sobrevolar cualquier yermo, pero soy consciente de que no todo el mundo tiene la misma suerte, así que mi deseo de año nuevo para todas aquellas personas que lo están pasando mal es que la Fuerza les acompañe, cualquiera que sea.

Hay un especial destinatario de este mensaje -él lo sabrá cuando lo lea- para quien el deseo es aún más fuerte si cabe.

P.S: Y resulta que barruntando todo esto y echando vistazos y mientras rebusco fuentes bibliográficas y saco adelante mi advanced English como buenamente, me he encontrado con esta pieza de Love of Lesbian, "Orden de deshaucio en Mi menor", que no está "allí donde solíamos gritar", pero no deja de ser un grito... De fondo se escucha parte de este fragmento de una entrevista al gran Nabokov (que copio y pego a continuación) y me he dicho: "esto es un rescate por arte". Feliz Año Nuevo.


No sé por qué me gustan tanto los espejos y los espejismos. Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia. La magia a domicilio con sus instrumentos: el sombrero de doble fondo, la varita con la estrella, el juego de cartas que entre los dedos se metamorfosea en cabeza de cerdo. Sí,sí. Todo eso te llegaba en una gran caja de los almacenes Peto, calle de la caravana, cerca del Circo Cíniselli, en San Petersburgo. Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos. Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo, tal como aconsejaba el manual: "Ponte delante de un espejo". Y mi carita, pálida y seria, reflejada en el espejo, me aburría... Me ponía un antifaz negro que me daba mejor cara; pero nunca llegaba a igualar al famoso mago Mister Merlín , a quien solían invitar a las fiestas infantiles y de quien yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso, que mi manual quería que yo recitara para eclipsar mis juegos de manos. Parloteo frívolo y engañoso: he aquí una definición engañosa y frívola de mis obras literarias... Pero esos estudios de escamoteo no duraron mucho. "Trágico" es un término muy fuerte, pero hay algo trágico en el incidente que me hizo abandonar esa pasión, relegar la caja al cuarto trastero con los juguetes difuntos y los títeres rotos. Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año, no pude evitar mirar por la ranura de una puerta para ver cómo iban los preparativos que hacía el señor Merlín para su número de salón. Le vi que entreabría un secreter para meter tranquilamente, abiertamente, una flor de papel. Y la familiaridad de aquel gesto era innoble comparada con el hechizo de su arte. Yo entendía de ello, sabía qué ocultaba el frac ajado de un mago, y qué pueden hacer los magos. Ese vínculo profesional, vínculo de mala fe, me llevó a revelar a una primita mía, Mara Jevuska, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos. En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: "¡Mi primo ha visto dónde la ha metido!" Yo era muy joven, pero ya distinguía o creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago. Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... la flor no estaba.

Fragmento entrevista al escritor Vladimir Nabokov autor de "Lolita" por Bernat Pivot en junio de 1975.

domingo, 9 de diciembre de 2012

La chica que pelaba cebolla

Por "alusiones" a que este microrrelato debería aparecer en la página "principal", ahí va un homenaje a los orígenes de mis narraciones ordinarias:

Había poca luz en la cocina, la verdad. No había suficiente luz para llevar a cabo tareas que requieren precisión milimétrica, y sin embargo, ahí estaba ella, erguida y poderosa, con el cuchillo que había venido de regalo con la edición dominical del periódico. No estaba segura de poder terminar la colección. Aun así seguía enfrascada en su misión. 
Sonó el timbre y se sobresaltó. Fue a ver quién era, extrañada: nadie llama al timbre de estos bloques residenciales en domingo, a no ser que sea familiar o amigo, visitas más o menos deseadas. Al otro lado, la imagen convexa de una mujer embarazada vestida de verde ocupaba toda la mirilla. Parecía nerviosa, movía el cuerpo con el balanceo de punta a talón, y miraba de arriba abajo esperando respuesta de la maldita puerta. Maldita puerta. Abrió sigilosa y saludó: "Hola, ¿querías algo?", "Perdona", le dijo, sorprendida, atónita incluso, "he debido de confundirme, eh... no es aquí, disculpa, eh, no, yo... no quería molestarte". La voz entrecortada y el nerviosismo acentuado, sus ojos se movían en todas direcciones salvo en la que llevaba a los ojos de su interlocutora. "Hay que ver....¡no pasa nada, mujer!, pareces agobiada, ¿no quieres pasar y tomar un vasito de agua o de zumo? Te sentará bien..." "No, no, no, ni hablar... ya te he entretenido bastante. Tengo que irme". Esto último sonó contundente. Desapareció tras el cortafuegos y esperó el ascensor.
En fin, ahí estaba el encuentro extraño del día. Aún sin entender muy bien lo que había pasado, volvió a la mal iluminada cocina (día nublado, ¿cuándo se iba a acordar de llamar al electricista?) y siguió con lo suyo. La cebolla estaba ya completamente pelada, sólo quedaba elegir cómo cortarla. Mientras pasaba sus dedos por la capa exterior, pensaba en los ojos temerosos de la muchacha. "¿Por qué estaría tan asustada?", pensó. Comenzó a cortar la cebolla en tiras, manejaba el cuchillo con firmeza y ternura a un mismo tiempo, como si hubiera nacido para ello. "¡Claro!", se dijo, "¡el cuchillo! ¡pero qué estúpida soy! ¡la pobre chica habrá pensado que soy una loca con tendencias homicidas! Hay que ver... ¿a quién se le ocurre salir a abrir la puerta con un cuchillo japonés en la mano?" Eso había sido, el cuchillo.
Un grito ahogado produjo, de repente, un apagón a su alrededor. La cocina desapareció tras sus ojos cerrados. La sangre salía a borbotones del dedo índice de su mano izquierda, tanto, que empapó su camisón verde con una enorme mancha roja, en forma de uve. Salió corriendo hacia el baño, metió el dedo debajo del grifo. Intentaba apretárselo con fuerza, pero la hemorragia no paraba. Buscó por todo el armario algo para desinfectar la herida. Sin éxito. El suelo lleno de cajas de medicamentos. Se agachó y cogió como pudo los algodones y el esparadrapo. El corte era profundo, no pintaba bien. Empezó a ponerse nerviosa, trató de calmarse. Respira hondo, respira. De pronto, sintió un agudo pinchazo en el vientre. No, no hay que tener ciertos accidentes en el octavo mes de embarazo. Hay que ver...
Los vecinos de detrás del cortafuegos no estaban. Malditas puertas. Malditos bloques residenciales. La ambulancia tardó en llegar hasta allí. Llaman al timbre. Al otro lado, la imagen cóncava de una mujer embarazada vestida de verde ocupaba toda la mirilla.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Melancholia (una reescritura)

Se hallaban frente al cielo abierto, incapaces de reaccionar. Fue una de las dos mujeres que quedaban vivas quien se adelantó y comenzó a atravesar el campo que, cual pradera recortada de alguna naturaleza muerta, de un verde compacto, sin matices, se extendía entre el lago y la casa. Daba pasos firmes, cortos, ansiosos, buscando, quizá, sus últimas certezas. Acompañada de su sobrino, un pequeño blanquecino, de esos que se han criado medio solos y a los que les cuesta sonreír, la mujer dirigía la búsqueda en el bosque. Se adentran en la mal llamada espesura, pues en esta arboleda hay mucho espacio entre árbol y árbol y la luz se filtra sin mayor dificultad. Por fin encuentran lo que buscan, un manojo de ramas que convertir en palos, de unos dos metros de altura, elásticas y aún consistentes. Perfectas para construir una cueva mágica.

De vuelta al cielo abierto, los tres últimos compañeros suben a una suave loma, atalaya resbaladiza  sobre el lago. Un punto de observación para el acontecimiento. Las seis manos blancas con frío se disponen a edificar lo que será su refugio antiaéreo. Un lugar en el que sentarse y confiar. Montan los palos, los tocan, los deslizan unos contra otros y los unen en un extremo; todo ello con tal sentido de desesperanza que casi se les cierran los ojos esperando que entre palo y palo, el espacio triangular se rellenara con la más especial aleación de metales, pétrea, o no,  mejor quizá, sumamente adaptable, indestructible, en fin, triángulo de resiliencia que absorba cualquier bocanada de aire sideral y todos los restos minerales y líticos que a buen seguro habrán de golpearles.

Quedó terminado, así, e inaugurado el refugio, cuando los tres compañeros se sentaron. La primera mujer, de la que no hemos hablado porque se había escondido en su cuerpo -ella que, en condiciones normales, en los extremos del convencionalismo, se manejaba con tanta flema y sensatez-, levantó entonces su mirada crispada de nervios y de melancolía por el resto de vida no vivida. Miró hacia arriba y el azul fue casi insoportable.

Todo el paisaje -lago, prado, casa, bosque-, ayer mismo inmerso en la penumbra de las noches de la campiña y de las miserias establecidas que dominaban las vidas de sus habitantes, se iluminó hasta rebasar los límites humanos de la claridad, y con ella, de la clarividencia. Inevitablemente, medio segundo después, todo ello reventó de luz y de calor, pasando a ser microinstantes de color anaranjado, cristalizados junto al resto del planeta, aniquilados sin ser oídos más que en el resto del universo.

Y así fue que todo volvió a ser pura energía, quizá como siempre hubimos merecido... ser.




Un guiño a que el día 21 de Diciembre seguiremos vivos (¡cómo si nos lo fueran a poner tan fácil!) y al cine de Lars Von Trier, que tiene la peculiaridad de hacerte creer que lo más bello y tranquilizador que puede ocurrir es el fin del mundo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dentro del laberinto

Dedico esta entrada al libro El Minotauro Global del economista griego Yannis Varoufakis, donde desmenuza las causas del crash de 2008 y del desmantelamiento del sistema financiero basado en la fabricación infinita de productos de deuda calificada como buena (la famosa triple A, que sería un triple sobresaliente, pero eso solo lo entienden los nerds -empollones- estadounidenses o los entretenidos europeos que vemos series sobre los citados nerds estadounidenses), que tienen como fin fabricar infinitos beneficios (manufacturar dinero de papel supuestamente equivalente al dinerico "normal" que los tonticos de a pie contamos en billetes), que alimentan a su vez los círculos de los dirigentes de bancos y agencias de calificación, un determinado sector inmobiliario, y las supuestas instituciones reguladoras (bancos centrales, reserva federal...) cuyos asesores habían participado o ansiaban participar de los círculos anteriormente nombrados.

El diario.es publica hoy un extracto del libro de Varoufakis, con el vacio de las notas a pie de página. Se trata de un texto especializado, y sin "aparato crítico" (las explicaciones y las referencias bibliográficas) se queda cojo. Es todo lo que podríamos esperar de un economista anti-capitalista. Yo, por lo menos, no me esperaba otra cosa. Explica de forma clarificadora la naturaleza monstruosa de esos productos financieros sintéticos que alejan tanto, pero tanto, la producción, del trabajo humano, que cuesta ver la más mínima relación entre lo que hacen los profesionales todos los días y lo que se maneja de pantalla en pantalla en esas oficinas virtuales de comerciantes de dinero.

En fin, el texto, como digo, es clarificador en varios puntos; en otros, no. Es el caso de las "teorías económicas  tóxicas", que a mí me vienen grandes. Puedo atisbar de qué va el asunto, pero obviamente se me escapa toda la técnica matemática que utilizó (y sigue utilizando) esa élite de "hiperinteligentes hombres y mujeres" para justificar toda esta movida cuasicriminal.

Algo que a mí, paradójicamente, me resulta tranquilizador, es que el autor deja bastante claro que esta élite intelectual numeraria, una de dos: o no se olió su propia tostada, o impostó adrede la validez de este modelo, sustituyendo "ignorancia" por "conocimiento provisional". Más o menos esto: en vez de decir que NO TENGO NI IDEA de cómo se van a comportar los mercados, asumo que hay comportamientos que no van a tener, porque son irracionales; por lo que estoy en posición de vender la moto con mis ecuaciones y algoritmos chachis de que SÉ LO QUE VIENE DESPUÉS. 

Todo lo cual a mí por lo menos me demuestra: (a) que esa gente tan inteligente no es tan inteligente como dice ser, y (b) que su astucia desmedida les conduce a creerse su propia falacia -lo que es un signo alarmante de estupidez-. Esto último lo justifico diciendo que la mayoría de los gurús económicos del "súper mercado eficiente" explican el batacazo de 2008 argumentando que las crisis económicas sistémicas son "naturales". Es decir, estas cosas tienen que pasar, es el precio a pagar por nuestra codicia colectiva, pero ahí es donde tiene que entrar el estado, arreglar los desperfectos y a volver a empezar.

Mmmm, ergo (c) la gente que maneja ciertos cotarros no es tan lista y queda por tanto desautorizada para negar la democratización del saber y las competencias (es decir, hay muuuucha gente que podría hacer su trabajo), así como para establecer y consagrar ningún modelo de administración económica.

Visto lo visto, y con las herramientas de juicio que tenemos (más o menos limitadas), si a partir de ahora se sigue dejando el saber económico en las mismas manos (un Madoff más, uno menos), nos mereceremos una oleada de mierda como ésta cada sesenta putos años.

http://www.eldiario.es/economia/minotauro-global_0_72093120.html

He aquí el enlace. Aviso de la licencia gramatical de los plurales generalizadores en femenino. Según uno de los foreros, no se trata de un error de traducción sino que es consecuencia de la ideología feminista del autor. Sí es cierto que hay vacilaciones, hay plurales en masculino, y no me queda claro el criterio. No es algo que os pueda aclarar porque no he tenido acceso al texto original, y además desconozco si el original está escrito en Griego Moderno (donde hay morfemas de género, y se podrían rastrear mejor las vacilaciones) o en Inglés (donde las marcas de género son en su mayoría léxicas). Cosicas lingüísticas aparte, que nos gustan a unos pocos, el texto tiene interés y merece ser leído.



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Abusones

Se retrasa el anuncio de un alto al fuego en Gaza. Se acercan elecciones en Israel, y parece que los máximos  responsables políticos del país no quieren entrar en guerra con ningún "vecino". Curioso el uso de las definiciones. Parece que "guerra" no es lo mismo que bombardear un espacio físico cerrado (las fronteras entre Gaza e Israel, no son como las demás fronteras) con una altísima densidad de población (4.167 habitantes por kilómetro cuadrado) durante varios días seguidos con el resultado de más de cien civiles palestinos muertos. Eso no es una guerra. Eso es la expresión de un legítimo derecho de defensa. El derecho de defensa del estado israelí.
Hamás y otras milicias que nadie identifica, claman Occidente y sus medios al cielo, han lanzado más de 700 o 1000 o 1500 cohetes sobre el sur de Israel. La mayor parte de las crónicas en medios españoles no hacen referencia al Iron Dome, el particular juguetito de alta inteligencia militar con que los israelíes cuentan para frenar misiles corto alcance. El Iron Dome no es un escudo infalible, aunque sí es un potentísimo radar que identifica y dispara contra los mencionados misiles, y que ha neutralizado casi trescientos de los "tropecientos" cohetes lanzados desde la franja. Pero no me voy a centrar en el súper-radar, ni en los 75.000 reservistas movilizados por el ejército israelí, ni en el bloqueo inhumano que desde hace años asfixia la región, para sostener mi argumento de que Israel abusa, porque, recordemos, esto no es una guerra, es la operación Pilar Defensivo. No confundamos términos. Dicho todo lo anterior, y sin restarle ni un ápice de valor a ninguna vida humana, los muertos israelíes ascienden (las cifras son de la CNN) a cinco.

No obstante, y en palabras de Netanyahu y en mi traducción pedestre:
"The moment we draw symmetry between the victims of terror and the unintended casualties that result from legitimate military action against the terrorists, the minute that false symmetry is drawn, the terrorists win."
"En el momento en que dibujamos una simetría entre las víctimas del terror (Hamas) y las bajas no intencionadas resultantes de una acción militar legítima contra los terroristas, en el mismo momento en que se traza esa falsa simetría, los terroristas ganan."
No hay nada como una buena manipulación discursiva para que se vea todo el plumero del asunto: no todas las vidas valen lo mismo.

Si un misil israelí cae sobre una casa y mata a una familia de ocho personas, y los altos mandos afirman que el objetivo era un oficial de Hamás, pero no hay ningún oficial de Hamas ni muerto, ni en las inmediaciones de la casa, ni se le espera... entonces tenemos ocho bajas no intencionadas (tres más, en un solo ataque, que los cinco muertos víctimas del terror) derivadas de una acción militar legítima.

Cuando alguien considera que la vida del de enfrente vale menos que la propia, y que por lo tanto, ha de caer quien caiga por defenderla, el profesor Todorov en su ensayo El Miedo a los Bárbaros, lo llamaría "bárbaro" tras una coherente argumentación. Yo, en mi línea pedestre, lo llamo abusón de mierda. Y mentira debería parecer, viniendo de las autoridades un pueblo resiliente donde los haya, merecedor de todo mi respeto por su sufrimiento insoportable, como el pueblo de Israel.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Un año de blog

A finales del pasado mes de octubre se cumplió un año de esta aventura que llamé De Manchas Solares y Lunares; a las primeras les dediqué título porque representan el máximo de luz, y porque son inalcanzables: el acercarse a ellas nos arrasaría de tal forma que no quedaría huella alguna de nosotros. Es un homenaje, supongo, a ese deseo incandescente de abarcar todo el universo. Un deseo que puede moverte más allá, a querer siempre más, a aprender mucho más, a ver, viajar, sentir, vivir mucho más... pero que si no se domina puede provocar quemaduras graves, especialmente en la retina, que te impiden ver lo que tienes más cerca: las cosas grandes, buenas, jugosas y luminosas que tienes cerca.
A los segundos, los lunares, los incluí en parte por el juego de descubrir manchas también en la luna, en el satélite de los colores fríos, que siempre fueron los míos. Pero por debajo y al poco tiempo, surgieron los lunares, en masculino, en homenaje a esas pequeñas manchitas, nada siderales, en todo corpóreas, que tenemos en la piel. Son a veces diminutas, cuanto más pequeñas suelen aportar más belleza. Y a veces pasan desapercibidas, a no ser que estén junto a la boca, cielito lindo. Hay muchos lunares escondidos, que van surgiendo con el sol, y algunos no te los puedes ver más que con un espejo, o aún mejor, solo si te los señala otra persona.
Así que, comenzamos otro otoño de aventura, con el propósito de no abandonarla, y las ganas de explorar más historias pequeñitas que le vayan saliendo en la piel al mundo.


 


jueves, 25 de octubre de 2012

Hay que estudiar economía

Siempre hay que estar aprendiendo para que, como hoy, cuando cae el diluvio, no te pille con las ventanas abiertas.

Os enlazo las páginas de formación del blog de Alberto Garzón, economista y diputado por IU, que considero una buena herramienta para comprender ciertos fenómenos económicos. Los textos, aunque necesariamente complejos en algunos tramos para los profanos, tienen vocación didáctica, y ayudan a comprender las bases y líneas de desarrollo de la economía capitalista.

http://www.agarzon.net/?page_id=1893

lunes, 22 de octubre de 2012

Heil Jesus!

Heil Jesus!

Entrada de Pitsirikos para los lectores helenófonos. Quisiera incluir la traducción de dos fragmentos del post que me han llegado especialmente y que resumen el mensaje ideológico y emocional de todo el texto:

 Εγώ δεν είμαι ούτε Έλληνας, ούτε χριστιανός, ούτε Χρυσή Αυγή, ούτε καπιταλιστής, ούτε Ολυμπιακός, επειδή ξέρω πως σε αυτή τη ζωή έχουμε έρθει για να γίνουμε άνθρωποι. Και προσπαθώ να γίνω άνθρωπος.

"Yo no soy ni griego, ni cristiano (ortodoxo), ni de Amanecer Dorado, ni capitalista, ni del Olympiakos, pues sé que hemos venido a esta vida para ser personas. E intento llegar a ser persona."

El remate de la entrada reza: 
 Τις προάλλες, έπεσε στα χέρια μου το τετράδιο με τις εκθέσεις μου στην Ε΄ Δημοτικού και διαπίστωσα πως στα 10 μου χρόνια έγραφα πιο περίπλοκα από τον τρόπο που γράφω σήμερα. Δεν ξέρω πώς κατάφερα μετά από τόσα χρόνια να σκέφτομαι και να γράφω σαν χαζό πεντάχρονο παιδί αλλά το θεωρώ κατάκτηση. Και λύτρωση.

"El otro día, llegó a mis manos mi cuaderno de lengua de quinto de Primaria y pude comprobar que cuando tenía diez años escribía textos más complejos de los que escribo hoy en día. No sé cómo he conseguido, después de tantos años, pensar y escribir como un crío de cinco años pero lo considero un logro. Y una liberación".

Ea.

domingo, 21 de octubre de 2012

Sat down and cried

Un buen día y sin venir a cuento, el humano tuvo la muy previsible impresión de que no sería capaz de engañar a la escritura predeterminada de los dispositivos de espejo negro, pues en su subrayado leía la impotencia de quien se sabe adivinado en la siguiente palabra. El humano entonces se sintió tan pequeño en sus opciones y tuvo tanto miedo de equivocarse, que prefirió dejarse llevar en la vida y en el discurso, abandonándose a la sabiduría monstruosa e impenitente de la tecla enter, que elegía, con la callada arrogancia de los confiados poderosos, la palabra adecuada, el acento preciso en la vocal exacta, sin dudar entre diptongos e hiatos, sin revisar la caída de la frase en la ironía.
Fue entonces cuando el gran Engranaje tomó el control de todo lo nunca escrito y se dejaron de ver nuevas palabras. Y todas las palabras que empezaban por "re" se convertían en "renunciar", y no había pretéritos imperfectos ni condicionales, así que casi nadie expresaba deseos ni hipótesis imposibles, que son siempre las mejores. Y ya no había errores propios, sólo frases mal hechas. Y no había libertad de expresión, porque, sencillamente, no había expresión.
Fue entonces cuando de verdad el mundo pareció demasiado grande y múltiple, y farragoso e inabarcable, y hasta feo. Entonces, y no hubo necesidad de ir a Gran Central, bajé al parque de al lado de mi casa, me senté y lloré.
Mucho rato después, con el cambio de luz a crepúsculo que recuerda que todo es temporal, y pensando que, quizás, el subrayado menos previsible de todos es ahora un final feliz, subí a casa, cogí papel y boli, saludé al muchacho de la gabardina que son todos los autores -hayan escrito o no- que me han hecho comprender algo en la vida, y me senté a escribir.