lunes, 3 de junio de 2013

Valentino´s ghost


Entre las sorpresas audiovisuales de estos últimos meses está este magnífico documental, Valentino´s ghost. El título hace referencia al "fantasma" de Rodolfo Valentino, como paradigma del héroe árabe de película en blanco y negro, exótico y gran seductor. Una imagen del árabe (como término genérico) que se ha ido abandonando a lo largo del siglo XX, para ser sustituida por otra cada vez más negra y cada vez más fosilizada en películas y series estadounidenses, en definitiva, en los productos de cultura de masas que forman y deforman la opinión y concepto (¡y de qué manera!) que sobre los musulmanes tiene el grueso de la sociedad americana.

Con una narrativa impecable y las opiniones reveladoras de un buen grupo de expertos (profesores de universidad, corresponsales, expertos en medios, etc.), entre los que destaco a Robert Fisk porque cada vez que lo escucho aprendo muchísimo, pero ninguno tiene desperdicio; el documental de Michael Singh nos traslada desde las imágenes estereotipadas del orientalismo (palabra de Said) hasta el actual estigma del Islam en los medios norteamericanos. Y en ese camino, ese estigma se va construyendo y la profundidad de su calado se va midiendo... en términos de la política exterior estadounidense en Oriente Medio y su defensa inamovible del estado de Israel.

Revelador, ágil, certero. Todo lo que se le puede pedir a un buen documental. Y la sensación, un poquito tranquilizadora, de que no todos compramos la misma imagen del malo de la película. Desgraciada y afortunadamente, pude acceder al documental, pero a través de Canal + Extra, canal de pago dentro de los de pago, de ahí su programación excelente. Mi pregunta es cuánto va a tardar una pieza así en llegar a la televisión pública. Mientras tanto, os dejo el tráiler y la página web con toda la información:

viernes, 17 de mayo de 2013

De LOMCES y otras mierdas

Hoy es el día. Con paso firme, sin vacilar, no le tiembla ni un músculo de la cara, mientras mantiene esa sonrisa tirante que ya le ha hecho tristemente famoso, y que, paradójicamente, ostenta como bandera de su mayor triunfo, ese extraño "no dejarse menoscabar" que en tanto estiman los que se creen más fuertes. "Olvida la arrogancia y la codicia..." que dijo Confucio, aunque lo de nuestro ministro Wert no es la filosofía, ni la práctica ni la trascendente, sencillamente lo suyo no es la filosofía tal como se concibió: como "el amor a la sabiduría". Porque el amor es incondicional, y ha de ser flexible y fuerte, y no rendirse a la circunstancia. Esto nos cuesta aprenderlo a todos -a unos más que a otros-, porque amar, o querer, bien puede ser muy difícil. Pero ya no hablamos sólo de "querer mal", sino de un desdén sistemático hacia la sabiduría, la cultura, el arte y el vehículo principal de todas ellas, el camino del crecimiento espiritual de cualquier sociedad: la educación.

Pero ya está. Sin muchas vueltas. Hoy, y puesto que ayer, ni antes de ayer, hubo centenares de miles de personas en las calles, -"que yo sepa, hoy no se está manifestando nadie", manifestaba jocoso Wert ayer-, el ministro lleva el proyecto (o anteproyecto, yo qué sé) de la LOMCE al consejo de ministros. Una semana después de las movilizaciones masivas de toda la comunidad educativa en todo el país. Hay quien diría que esta actitud es un poco de cagaos. Bueno, perdón, de cobardes. Es que a ratos se mo olvidan la licenciatura en Filología, el posgrado, el doctorado, los idiomas, el estudio de las oposiciones... Qué cosas.

Volviendo al tema, hay mucho que huele a rancio en la Ley Orgánica de Mejora (!!) de la Calidad Educativa. Para que nadie me tache de "utopista" no voy a insistir en todo lo que supone fomentar la competitividad en detrimento de la cooperación, lo que a su vez supone un aumento de la segregación de base. Nos quedamos con lo mejorcito de la educación de raíz prusiana: separar en clases uniformando a su vez pensamientos y actitudes. Señores, pónganse a rezar para que su niño esté entre "los listos". Aunque depende de dónde vivan, igual no es lo suficientemente listo.

Me voy a limitar a señalar algo suficientemente grave como sustituir una palabrita. Al comienzo del artículo único que modifica la LOE 2/2006, de 3 de Mayo, la Educación aparece definida como un "servicio" y no un "derecho". Los derechos son adquiridos, los servicios se prestan. No hace falta ser un experto en análisis del discurso.

Y en cuanto a la estructura del sistema y sus contenidos: cuidado. Porque ya no se trata sólo de arrinconar las materias artísticas y creativas (Música, Artes Plásticas), desoyendo a los más influyentes pedagogos de aquí y de fuera (estamos formando personas, oiga); sino que también se medio destierran las materias de estudios clásicos (Latín y Griego), que no sólo me tocan en lo personal, sino que son muy importantes para el conocimiento de nuestra cultura y nuestra lengua y ayudan a desarrollar la capacidad de abstracción tanto como las Matemáticas o la Lógica formal; y ya la última, gordísima: que la asignatura de Historia (Ciencias Sociales) no sea obligatoria en 4º de la ESO. Cuando en dicho curso se desarrollan los contenidos de Historia Contemporánea, fundamentales para que cualquier estudiante forme una mínima conciencia crítica del mundo en el que vive. Alguien con una "sospechosa" calidad intelectual de premio Nobel, José Saramago, ya apuntaba en su novela El Hombre Duplicado, un modelo de enseñanza de la Historia que comenzara "de delante hacia atrás". Porque hemos recorrido un largo camino, y aunque descubrir Tartessos sea maravilloso, los más jóvenes no saben (y casi que me incluyo) lo que ocurrió en nuestra Transición. Y así nos va.

Me ha quedado esto muy largo, más de lo deseable, pero sinceramente no sé que cortar... porque veo que con ciertas mayorías no va a a haber ningún consenso y si esta ley se aprueba, va a tardar en deshacerse, como siempre. Nuestro trabajo y la educación de nuestros hijos está en juego. Vaya una mierda de ley, señor Wert. Vaya una mierda.





jueves, 16 de mayo de 2013

Si una noche de invierno un viajero...

No hay nada para volver de las telarañas cotidianas de la inspiración como una buena lectura. Corrijo: una lectura excepcional, porque de las buenas ha habido varias en estos dos meses de sequía bloguera, y aun así, ha sido ésta la que ha movido y removido estas líneas de recomendación.

Mis buenos amigos D. y S. supieron recomendarme Si una noche de invierno un viajero de don Italo Clavino, sin desvelar nada de su trama, estructura, o de las virtudes que podrían servir de anzuelo. Rara virtud en estos tiempos en que los spoilers corren y campan a sus anchas, o por lo menos, en los que todo el mundo quiere decir mucho de todo. Si leyeran este cumplido, me dirían: "¡no fue por ser sabios y sensatos (que lo son, y mucho, los jodíos)! ¡no habríamos sabido definir el "de-qué-va"!". Seguro que habrían sabido, el caso es que no lo hicieron, y yo voy a tener la misma cortesía con vosotros.

Tan sólo quisiera decir que me resulta una lectura fundamental dentro de la novela del último cuarto del siglo XX y a citar, no me resisto:

-Leer -dice- es siempre esto: hay una cosa que está ahí, una cosa hecha de escritura, un objeto sólido, material, que no se puede cambiar, y a  través de esta cosa nos enfrentamos con alguna otra que no está presente, alguna otra que forma parte del mundo inmaterial, invisible, porque es sólo pensable, imaginable, o porque ha existido y ya no existe, ha pasado, perdida, inalcanzable, al país de los muertos...
-... O que no está presente porque aún no existe, algo deseado, temido, posible o imposible -dice Ludmilla-, leer es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y aún nadie sabe qué será...

Esta entrada es un homenaje, más que a Calvino, a los grandes amigos y a los grandes libros, especialmente si vienen juntos. Gracias, chicos, por prestarme tantas horas de genial lectura... y por todo lo demás.


jueves, 7 de marzo de 2013

Decálogo del perfecto cuentista, de Horacio Quiroga

La web Mundo Palabras publicó el otro día el Decálogo del perfecto cuentista, del maestro uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937). Como todo lo que viene de un maestro es... magistral, no tiene desperdicio, por ello lo reproduzco, para que a mí no se me olvide, por un lado, y para que aquellos que paséis por aquí y seáis un poco cuentistas, saquéis todo el provecho de él para vuestros relatos. Ahí va:

1) Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
2) Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
3) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
4) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
5) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
6) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
7) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
8 ) Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
9) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
10) No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Anticipo

No puedes recordar.  Hay algo que te impide comenzar a escribir recordando, dejándote a la melancolía y a las palabras fáciles, como si ambas juntas fueran la peor de tus afecciones, como si siempre hubieras estado enfermo de melancolía y simpleza.

Asume, en primer lugar, que no puedes escribir como la música que escuchas.  Las palabras nunca serán edificios de la nada y pura percepción. Tus palabras ocupan espacio, pesan, incordian, rara vez, por no decir nunca, son inocentes, ya que siempre, siempre tienen un efecto más prolongado que su sonido. Son memoria. A la vez, sin embargo, pueden ser tan fútiles. No por tus torpes desmentidos, poco tienen que ver, pues son también y de nuevo ilusoriamente verbales. No es tanto eso, como que parece que tus palabras se quedan sin resuello antes de llegar a lo que realmente quieren decir. Resuello, qué bonita palabra dices, porque te invita a metáforas, te suena a aire de cuchillo entrándote por la garganta cuando intentas volver a hablar de Ella. Compleción, qué asco de palabra, no lo dices pero lo piensas, porque no tiene imagen posible en ti desde que la perdiste, a Ella, no la palabra ni la imagen, sino que la perdiste a Ella.

Sea como fuere. Busca afuera. Siempre te quejas de que vives algo así como en las afueras de una Los Ángeles desvaída, con los mismos paseos marítimos decadentes, las mismas tiendas que ofrecen poco o nada llenas de gente, las mismas corrientes de rostros curtidos por el  sol y piernas anglosajonas blanquecinas, deseosas de atención, de anhelo, de deseo de algo nuevo. Puede que tengas razón, puede que estés en una California sin Pacífico, donde el mar –y el mal- se levanta siempre en calma y no se estila la muerte violenta, sino más bien el deterioro languideciente de miles de elefantes que agotan sus pensiones en la siempre pretendida calidad de vida mediterránea. Dime si eso no es violento. Hay una cierta violencia en poder elegir dónde morir. Supongo que lo comprendí la primera vez que escuché en una radio anglosajona de la costa el anuncio de una empresa de servicios funerarios y de repatriación. Para que cuando llegue el momento, ni usted ni su familia tengan que preocuparse por nada. Los suyos recibirán su cadáver en su domicilio por el módico precio reflejado en el contrato. Bam, bam. No oyes los disparos, los dramas de los elefantes, la muerte soleada. Eso tampoco te inspira. Lástima.

Puedes mirar más allá del paisaje urbano y humano, puedes crearte personajes fantásticos: sus estados de espera, sus vacilaciones… hasta su no hacer nada con nadie. Eso sería pura fantasía. Hoy no hay relato donde alguien haga nada con nadie, donde alguien espere, o dude. O se dé la vuelta tras haber cambiado de opinión. Hoy no se hace eso. Hazlo tú. No, no te sale. Bueno, pues sinceramente, no sé qué más quieres que diga.

A estas alturas, y a las anteriores, a las de hace un año, contando con todo lo que te pasó, no concibo tu inacción. Si no puedes escribir, no escribas. Haz otra cosa con tu vida. Vete al extranjero. Vive algún paquete de experiencias de los que son imprescindibles según alguna biblia hipster de mierda. 

Lamentablemente, solo tú conoces las maneras. Si no puedes revivir nada de aquello, si no puedes empezar a ponerle ni una línea a aquel desgarro de la realidad, a aquel desmontaje de la vida tal y cómo la conocías, a esa eterna querencia de su regreso, a esa anulación del tiempo y del espacio hasta que vuelvas a tocarla, lo entiendo. Cómo se atreve uno a volver a sentir el pecho tan pétreo, y en él, una angustia tan furiosa que parece que vayas a perderte por fin, una desintegración aguda de lo que alguna vez pudo significar ser feliz. 

En fin, Ella no está y vivir es como correr bajo el agua.

Estaré donde siempre. Si te decides a mostrarme algo de detrás de lo ingrávido, una página, página y media, te la pagaré como si fueras a escribirme la mayor de las novelas.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La muerte silenciada

La muerte silenciada es el nombre del documental sobre el suicidio emitido por Documentos TV el pasado domingo 17 de Febrero. Sin conmemoraciones, sin "Día Internacional de...", sin excusas, y sin demasiados ambages a la hora de tratar el tema, el documental nos adentra en la realidad de la que ya es la primera causa de muerte violenta en España, pero de la que nadie, o casi nadie, habla.

De ahí la relevancia del título, La Muerte Silenciada, la muerte que lo es pero que no es reconocida a nivel social, y todos sabemos, o intuimos al menos, lo difícil que es asumir algo que se calla. El documental recoge diversos testimonios, miradas sobre el suicidio desde el punto de vista de profesionales de la Psiquiatría y la Psicología Clínica, pero también, de supervivientes a intentos de autolisis y de familiares supervivientes de personas que sí consumaron el suicidio.

Es cierto que es muy duro recoger el drama de las personas que se quedan aquí sin poder obtener respuestas, les pueden dar la coartada de una enfermedad mental, de una enajenación transitoria, pero en el fondo, no pueden saber lo que pasó, porque no pueden preguntárselo a la única persona que podría, siquiera, empezar a darles una respuesta. Es cierto, es muy duro. Pero pasa. Y lo que en mi opinión plantea el docuemental acertadamente es que si la realidad del suicidio se hiciera más visible y los supervivientes pudieran reunirse y hablar sobre ello, esa clase de duelo brutal podría hacerse mejor, podría tener más sentido.

También los testimonios de personas que han intentado quitarse la vida pero que por lo que fuera no lo consiguieron, y que ahora, han conseguido reconstruirse en diversos grados y pensar en la vida en diferentes términos que antes, es otro de los puntos a favor de este estupendo documental.

He decidido dedicarle esta reseña al reportaje, y recomendar su visionado porque es la manera que he encontrado para tratar el tema del suicidio -pues carezco de una visión técnica o personal- y contribuir en esta pequeña medida a dar visibilidad a esta realidad. Porque resulta que no, que algo que afecta a muchas, muchas personas, no puede ser relegado al "es que es deprimente" o "es que eso es de estar loco". Porque resulta que no se pueden maquillar las estadísticas o no recogerlas con exactitud, y no darle cobertura mediática, porque nos jode la imagen de paraíso mediterráneo (¿alguien recuerda el tweet de la clarividente Ana Rosa Quintana, intentando echar por tierra los avances de la educación pública en Finlandia, porque "¿y el frío, y los suicidios?"). 

Pues el suicidio pasa. Y para decir más y de paso ir cerrando, me remito a un señor que con una lucidez irrebatible construyó algunos de los mejores relatos del siglo XX, como La Peste o El Extranjero, Albert Camus, quien dedicó un más que consistente ensayo filosófico al suicidio, El Mito de Sísifo, llegando a afirmar: 
No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.
¿Por qué no nos quedamos con la cita de Píndaro que Camus eligió para abrir el mencionado ensayo?
 No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.




Podéis acceder al documental en el enlace de la primera línea a la página web de Rtve-Documentos TV, o desde You Tube.


lunes, 18 de febrero de 2013

Cultura neutra

Se ha calificado la gala de los premios Goya celebrada ayer como "muy reivindicativa", donde premiados y presentadores exhibieron un "lenguaje muy crítico" contra la política de recortes del actual gobierno. No ví la ceremonia completa, pero sí escuché el discurso de agradecimiento de Candela Peña: muy crítico desde lo más personal, un discurso dolorido. También la introducción a no sé qué premio de Corbacho, directamente dirigido al invitado Wert, sin paliativos, al 21%.

El discurso del presidente de la academia fue más neutro, como considero que corresponde a su papel institucional, e hizo hincapié en la necesidad de no abandonar el cine, la cultura en general, a su suerte en tiempos de crisis. Suyo es también el manido titular de hoy por la mañana "el cine no es ni de los del bigote, ni de los de la ceja, ni de la barba". Así, o parafraseado.

Si bien es cierto que el cine, como el arte, no debería seguir consignas ni dogmas, de partido, ni de ningún otro tipo, mi opinión es que es difícil, y no sé por qué tendría que ser deseable, que ningún mensaje artístico sea ideológicamente neutro.

Porque si los poemas, las novelas, los grandes murales, las obras de teatro o las películas fueran asépticas, inocuas, neutras, no estarían contando absolutamente nada de quien las produce, ni tampoco de quien eventualmente pudiera recibirlas.

La ideología que transmite el arte depende en gran manera del sentir de su creador, pero también de sus circunstancias. En estos momentos, más allá de decir que el cine no es de derechas ni de izquierdas, por encontrarnos no ya en la época del "fin de los grandes relatos", sino en la época en la que los "grandes relatos" ideológicos están siendo pisoteados por sus propios abanderados, de uno y otro bando, nos queda reivindicar un cine, un arte, humanos.

La ideología que siempre ha transmitido el arte -menos en contextos de censura y propaganda burda- ha sido siempre puramente humana. Las formas varían, los signos varían, pero, en esencia se trata de contar cómo somos, cómo nos inventamos, qué podemos imaginar, qué podemos llegar a vivir, qué nos pueden obligar a hacer, cuáles son nuestras zonas más brillantes y más oscuras, incluso cómo nos gustaría que pudiéramos llegar a ser. En definitiva, el arte está hecho de humanidad, y la humanidad es de todo menos neutra.

Hace más o menos diez días asisití a la que, de momento, ha sido la experiencia teatral más completa e intensa de mi vida: la representación de Un trozo invisible de este mundo escrita por Juan Diego Botto, en el teatro Cänovas de Málaga. Estos últimos días he estado pensando en si escribir una reseña sobre la representación, pero no me venían las palabras. Pensé que quizá, cómo siempre me pasa, tendría que dejar pasar bastantes días para que el poso emocional llegara al fondo y así poder escribir sobre ello... el caso es que al ocurrir esta entrada no puedo no mencionarlo.

Es tal la pluralidad de sentimientos, las posibilidades de sentir que te da este texto y su versión espectacular, que corro el riesgo, como siempre, de perderme en océanos de palabras. Intentaré no hacerlo, pues se lo debo al texto de Botto, donde cada frase es ajustada a su significado, donde el humor es fino y bueno, donde la rabia aflora sólo cuando tiene que aflorar. Se lo debo a cada movimiento y presencia de los dos actores, a cómo destierran el buenismo y la impostura que muchas veces acompañan a los discursos "sociales" sobre inmigración, a cómo se comprometen con la sinceridad de cada historia. 

Esta experiencia, que tiene todo lo que se le puede pedir al gran teatro: la fuerza ritual, verbal, visual, es de todo menos ideológicamente neutra. Y por supuesto que se acerca más a un "bando" que al otro, pero eso son las personas que componemos los "bandos" los que tenemos que decidirlo. Allá cada cuál. El autor nos está diciendo, más o menos, digo yo: "Eh, mirad, ¿por qué cojones nos cuesta tanto ser humanos, a veces?"

Al final de la representación, entre ovación y ovación, Juan Diego Botto recoge en una frase de Lorca la misma reivindicación -en el fondo- que se hacía ayer en los Goya, parafraseándola dice que un pueblo que no cuida su teatro, es un pueblo que está moribundo... Cuán diferente es la forma de pedirlo. Con Lorca se puede seguir pidiendo dinero en definitiva, pero además se pide arte desde el arte.

Y otra cosa básica que se debe pedir desde un verdadero discurso humanista y artístico reivindicativo: atención. Porque con todo lo que está pasando, con los retrocesos tan brutales en los servicios públicos esenciales y la merma de inversión en educación, cultura, ciencia e innovación, lo que estamos es creando una sociedad tan poco igualitaria como peligrosa. Ya estamos en una sociedad muy desigual pero, ¿qué pasaría si las desigualdades fueran tan bestias que no pudiéramos reconocernos en casi nadie?


En fin, que está bien que se diga y se rediga, aunque sea desde las lentejuelas y que la gente que está en la puta calle (y ojo, según en qué calle, claro) se queje de que es muy fácil ser reivindicativo cuando se es famoso, que es verdad. Está bien que se digan las cosas, pues si el ministro es un toro bravo, que le echen capote aquellos que pueden encontrarse, ocasionalmente, en las mismas plazas que él. Los demás, seguiremos consumiendo cultura -pirata y no, seamos realistas-, y que siempre nos quede algo de dinero para ir a ver una obra como Un trozo invisible de este mundo, porque merece la pena pagar porque nos recuerden así que sí, que podemos realmente ser humanos.

miércoles, 6 de febrero de 2013

El conocimiento y su ser democrático

En memoria de Aaron Swartz, programador informático, co-fundador del RSS y del organismo Creative Commons, que se suicidó el pasado 12 de Enero de 2013, a la edad de 26 años.

Este homenaje llega un poco tarde, e inevitablemente tiene que ver con polémicas que siguen circulando, tiene que ver con el proceso de idealización de una mente genial con tendencias depresivas, con reivindicar a un hacker que según muchos pretendía cargarse la propiedad académica (no tanto, o no sólo, intelectual) - por su "irrupción" en la red del MIT para descargar más de cuatro millones de publicaciones de la base JSTOR con el objeto de colgarlas para asegurar su libre acceso en Internet, Swartz se enfrentaba a penas de cárcel, y su juicio debería haberse celebrado en este mes de Febrero de 2013-.

Toda la herencia científica y cultural, que ha sido publicada a lo largo de los siglos en revistas y libros, está siendo transformada ahora en material digital y retenida en manos de determinadas compañías privadas. El reparto de la información no es algo inmoral sino que constituye una necesidad apremiante. Solo aquellos que estén cegados por la codicia, negarían una copia a alguien amigo.

Releyendo estas, sus propias palabras, esta entrada es un poquito de todo lo que he mencionado antes y una reflexión sobre esos derechos de autor que tanto revuelo causan últimamente. Por supuesto el creador, el investigador, tiene todos los derechos sobre su creación. Incluso el derecho de asegurar una distribución más libre y democrática de la misma.

Dicho de manera más gráfica: no creo que a Aristóteles le importara lo más mínimo que yo pueda descargarme el texto completo de la Poética para poder leerlo una y otra vez... Supongo que les importaría un poco más a las casas editoriales que gozan de los derechos de edición y traducción del texto. Es cierto que la cosa puede complicarse si hablamos de autores vivos, pero... no sé por qué lo dudo. ¿Hacia dónde se dirigen los beneficios de los sitios web que ofrecen publicaciones académicas bajo pago puntual o suscripción? ¿Hacia los autores? No sé por qué, lo dudo.

Este chaval -quienquiera que fuera en realidad- constituyó con su actividad una defensa activa de la democratización y libre distribución de información y conocimiento en la red, además de un impulso a nuevas formas de acción política de protesta con la fundación del sitio http://blog.demandprogress.org/mission.

Por todo ello, Descanse En Paz.

 




lunes, 28 de enero de 2013

Una tregua

Es precisamente lo contrario de los días sin escribir. Precisa y ajustadamente. Los días que no escribo pienso que está bien, que no pasa nada, que vivo más tiempo. En busca de las palabras más reales, me pierdo en expediciones de análisis de un mundo que no comprendo, rastreo una cierta solidez a mi alrededor, me conformo quizá con esa sólida certeza que parece que yace siempre en palabras de otro.

Me conformo quizá. O quizá los tallos no florecen porque estamos en enero. 

Al final del texto imaginado, hacia el final de la melodía de los metales, cambio de opinión. Lo mejor, mejor que estas palabras y sus muchas o pocas lecturas, más allá de un suelo y unas pisadas que nunca serán del todo concluyentes, es poder tomarme del vientre y, simplemente, sentir. Nunca el cielo se abrirá lo suficiente, tanto, tan infinito e inagotable, como yo lo abro con mis manos ahora.

El día de hoy es como una tregua en Beirut.


Beirut. Elephant Gun

miércoles, 9 de enero de 2013

Rescate por creatividad

Resulta éste más un Happy New Fear que otra cosa, porque en este "últimamente" que lleva tres años sin cambiar, los comienzos parecen ser momentos de terror en vez de oportunidades. Qué miedo da ver que cuando las luces se apagan y los demás vuelven al trabajo, tú te quedas inmóvil, a punto de dar el siguiente paso pero el lado oscuro te agarra la pierna derecha y te fija al suelo... y tú tiras, y tiras de la pierna, y pones cara de estreñido, y te convences de tu esfuerzo, y se lo dices a los demás: "Oye, mira, que yo lo intento, que yo sigo tirando, que créeme, que no te miento..."

Por primera vez -lo digo y hasta me lo creo- no estoy hablando de mí. Hablo de millones de nombres que nunca conoceré, que se despiertan cada día sin trabajo y sin motivaciones, que tiran de según que pierna les toque para levantarse y "hacer algo" cada día. Miles de entre esos millones jugándosela con la exclusión. Otros muchos se la juegan, "simplemente" (qué fácil), con la tristeza. 

Digo que no hablo de mí. Yo poco puedo decirles, salvo que hay cierta trilogía (sin precuelas, por favor) que cuenta que al lado oscuro solo lo vence la Fuerza. Digo que no hablo de mí porque yo soy afortunada, a mí me está naciendo una Fuerza que ha liberado mis dos piernas y me hace sobrevolar cualquier yermo, pero soy consciente de que no todo el mundo tiene la misma suerte, así que mi deseo de año nuevo para todas aquellas personas que lo están pasando mal es que la Fuerza les acompañe, cualquiera que sea.

Hay un especial destinatario de este mensaje -él lo sabrá cuando lo lea- para quien el deseo es aún más fuerte si cabe.

P.S: Y resulta que barruntando todo esto y echando vistazos y mientras rebusco fuentes bibliográficas y saco adelante mi advanced English como buenamente, me he encontrado con esta pieza de Love of Lesbian, "Orden de deshaucio en Mi menor", que no está "allí donde solíamos gritar", pero no deja de ser un grito... De fondo se escucha parte de este fragmento de una entrevista al gran Nabokov (que copio y pego a continuación) y me he dicho: "esto es un rescate por arte". Feliz Año Nuevo.


No sé por qué me gustan tanto los espejos y los espejismos. Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia. La magia a domicilio con sus instrumentos: el sombrero de doble fondo, la varita con la estrella, el juego de cartas que entre los dedos se metamorfosea en cabeza de cerdo. Sí,sí. Todo eso te llegaba en una gran caja de los almacenes Peto, calle de la caravana, cerca del Circo Cíniselli, en San Petersburgo. Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos. Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo, tal como aconsejaba el manual: "Ponte delante de un espejo". Y mi carita, pálida y seria, reflejada en el espejo, me aburría... Me ponía un antifaz negro que me daba mejor cara; pero nunca llegaba a igualar al famoso mago Mister Merlín , a quien solían invitar a las fiestas infantiles y de quien yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso, que mi manual quería que yo recitara para eclipsar mis juegos de manos. Parloteo frívolo y engañoso: he aquí una definición engañosa y frívola de mis obras literarias... Pero esos estudios de escamoteo no duraron mucho. "Trágico" es un término muy fuerte, pero hay algo trágico en el incidente que me hizo abandonar esa pasión, relegar la caja al cuarto trastero con los juguetes difuntos y los títeres rotos. Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año, no pude evitar mirar por la ranura de una puerta para ver cómo iban los preparativos que hacía el señor Merlín para su número de salón. Le vi que entreabría un secreter para meter tranquilamente, abiertamente, una flor de papel. Y la familiaridad de aquel gesto era innoble comparada con el hechizo de su arte. Yo entendía de ello, sabía qué ocultaba el frac ajado de un mago, y qué pueden hacer los magos. Ese vínculo profesional, vínculo de mala fe, me llevó a revelar a una primita mía, Mara Jevuska, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos. En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: "¡Mi primo ha visto dónde la ha metido!" Yo era muy joven, pero ya distinguía o creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago. Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... la flor no estaba.

Fragmento entrevista al escritor Vladimir Nabokov autor de "Lolita" por Bernat Pivot en junio de 1975.